“Jugar a muerte”
“Dejar todo en la cancha”
“Hundir al rival”
“Poner la carne en el asador”
Las anteriores son frases que escuchamos generalmente durante un evento deportivo. Por supuesto todas son figurativas y nunca esperamos que un equipo juegue realmente para matar al oponente… ¿o sí?
En el mundial de Francia de 1938 se comprobó lo contrario.
Durante los cuartos de final, dos de los equipos a enfrentarse eran Brasil y Checoslovaquia. El encuentro se dio en el estadio de Bordeaux el 12 de Julio y fue después conocido como “La batalla de Burdeos” (The battle of Bordeaux) y con toda razón, pues hubo heridas tan graves que hasta al hospital fueron a dar.
Ahí les va.
Los brasileños iban decididos a frenar al goleador Oldřich Nejedlý y lo lograron de manera salvaje, pues minutos después de haber comenzado el encuentro le fracturaron el tobillo.
Aún así jugó buena parte del partido con el tobillo roto (en aquel tiempo no se permitían los cambios de jugador a la mitad del partido) y marcó el empate para Checoslovaquia retirándose poco antes de terminar el juego. Al capitán del equipo checo -František Plánička- (reconocido por ser un excelente portero) lograron romperle el brazo derecho, pero al igual que su compañero Nejedlý, se quedó en el campo de juego, pero él lo hizo hasta el final del partido.
El saldo del brutal enfrentamiento fue de tres jugadores expulsados y por lo visto Checoslovaquia tampoco se dejó tan fácil pues 9 jugadores de Brasil salieron lesionados. El marcador terminó en empate a 1. Dos días más tarde se jugó el desempate donde Brasil, con solamente 3 jugadores sin lesiones, le ganó a Checoslovaquia 2 a 1.
¿Una cascarita?
Maricela Morlet
